2ª SEMANA DE ADVIENTO
Lunes,
10 de diciembre
CANTO
Canción con gestos:
“Adviento”
“Adviento, adviento,
viene el Señor.
Preparemos sus caminos
abriéndole las puertas de nuestro corazón”.
Martes,
11 de diciembre
ORACIÓN
¡Jesús
va a llegar!
Preparamos
nuestros corazones en este tiempo que falta antes de que Jesús
nazca.
María
se pondrá muy contenta.
La
mula y el buey le darán calor.
Los
ángeles cantarán.
Los
pastores, guiados por la estrella, irán a adorarle.
María
y José, estoy alegre como vosotros.
Miércoles,
12 de diciembre
CUENTO
UN
HUECO EN EL BELÉN
Simón era una pequeña
figurita de plástico para poner en cualquier esquina de un belén
navideño. Había nacido en una gran fábrica en China y ni siquiera
estaba muy bien pintado, así que siempre le tocaba estar lejos del
portal, rellenando
cualquier hueco o
dejándose
mordisquear por los niños de la casa.
Pero quería mucho al Niño, quien todos los días le miraba y sonría
desde el pesebre. Él sólo soñaba con que algún año le colocaran
cerca del portal…
Una noche, poco antes de
Navidad, María hizo llamar a todo el mundo.
- Necesitamos vuestra ayuda.
Está a punto de
empezar una gran guerra y Jesusito ha
tenido que irse
para tratar de evitarla.
Alguien tiene que sustituirle hasta que vuelva.
- Yo lo haré - dijo un
precioso angelito-.
No creo que sea
difícil hacer de bebé.
El angelito ocupó su puesto
en el pesebre, así que otro angelito tuvo que ocupar el lugar que
dejó vacío. A ese otro angelito lo sustituyó un pastorcillo… y
así muchas figuritas tuvieron que cambiar sus puestos. Con los
cambios, Simón terminó haciendo de pastor,
mucho más cerca
del portal de lo que le había tocado nunca.
Pero no salió bien. El
angelito era precioso y lloraba como un bebé, pero se notaba
muchísimo que no era el Niño. José tuvo que pedirle que se
marchara y buscaron otro sustituto.
Nuevamente las
figuritas cambiaron sus puestos y Simón terminó aún más cerca del
portal.
El nuevo sustituto tampoco
supo imitar al Niño. Y tampoco ninguno de los muchos otros que
siguieron probando durante toda la noche. Con los cambios,
Simón llegó a
estar bastante
cerca del portal.
Emocionado, ayudaba en todo lo que podía: cepillaba los animales,
limpiaba el establo, llevaba el agua, charlaba con los ancianos,
cantaba con los angelitos... Lo hizo tan bien que,
cuando por fin
encontraron un buen sustituto,
María y José le dejaron quedarse por allí cerca.
Era la más feliz figurita del
mundo y sólo una cosa le intrigaba: había ido por agua cuando
eligieron al sustituto y no había visto quién era.
Siempre que miraba
estaba cubierto por las sábanas y,
como nadie echaba de menos al verdadero Niño, Simón tenía la
esperanza de que fuera el mismo Jesús quien había vuelto. Un día
no pudo más y, aprovechando que era temprano y todos dormían, miró
bajo las sábanas…
Cuando sacó la cabeza una
enorme lágrima rodaba por su mejilla. María le miraba dulcemente.
- No está…
- Lo sé - dijo María-. No
hay nadie. El
sustituto de Jesús no está en la cuna.
Eres tú, Simón.
- Pero si yo solo soy una
figurita mal hecha…
- ¡No estarás tan mal hecha
cuando has conseguido que nadie se dé cuenta de que no estaba! Mira,
Simón, tú has hecho lo que mejor se le da a Jesús: querer a todos
tanto que se sientan verdaderamente especiales ¿Verdad que lo
sentías cuando Él te miraba cada día? Y los demás lo sienten
gracias a ti.
Simón sonrió.
-
Jesús me ha pedido
que sigas guardándole el secreto.
Sigue buscando sustitutos como tú en cada pequeño rincón del
mundo, para convertirlo en un lugar mejor ¿Querrías seguir siendo
el niño invisible de este nacimiento?
¡Por supuesto que quería! Y
así fue cómo Simón se unió a la inmensa lista de gente que, como
querría Jesús, celebran la Navidad haciendo que su pequeño mundo
sea un poco mejor.
Jueves,
13 de diciembre
AGRADECIMIENTO
Jesús,
gracias por nacer entre nosotros.
Tu
venida nos hace estar atentos
y
estamos deseando que llegues.
Ayúdanos
a preparar nuestro corazón
para
que tú también te encuentres contento con nosotros.
Gracias
porque nuestros ojos nos ayudan a estar vigilantes,
con
nuestros pies podemos correr y jugar,
con
nuestra boca podemos decir cosas bonitas y cariñosas.
Nuestros
oídos nos ayudan a escuchar a los demás
y
nuestras manos son para dar la paz.
Queremos
acoger a todos como tú.
Viernes, 14 de diciembre
CUENTO
Hace tiempo que un viajero, en una de sus vueltas por el mundo, llegó a una tierra. Le llamó la atención la belleza de sus arroyos que cruzaban los campos, los sembrados.
Habiendo caminado ya un rato, se encontró con las casas del pueblo, sencillas, coloridas y con puertas abiertas de par en par.
¡No podía creerlo! Él venía de un lugar muy distinto.
Se fue acercando pero su sorpresa fue mayor cuando tres niños, hermanitos, salieron a recibirlo y lo invitaron a pasar.
Los padres de los niños invitaron al viajero a quedarse con ellos unos días.
El viajero aprendió muchas cosas. Por ejemplo, a hornear el pan, trabajar la tierra, ordeñar las vacas,… pero había una cosa de la cual no podía descubrir el significado. Cada día y, algunos días, en varias ocasiones, el papá, la mamá y los hermanos se acercaban a una mesita donde habían colocado las figuras de María y José, una mulita marrón y un buey.
Despacito, dejaban una pajita entre María y José.
Con el correr de los días, el colchoncito de pajitas iba aumentando y se hacía más mullido.
Cuando le llegó al viajero el momento de partir, la familia le entregó un pan calentito y frutas para el camino, lo abrazaron y lo despidieron. Ya se iba cuando, dándose la vuelta, les dijo:
- Una cosa quisiera llevarme de este hermoso momento
- Por supuesto -le contestaron-. ¿Qué más podemos darte para el camino?
Y el viajero entonces preguntó:
- ¿Por qué, todos los días, iban dejando esas pajitas a los pies de María y José?
Ellos sonrieron y el niño más pequeño respondió:
- Cada vez que hacemos algo con amor, buscamos una pajita y la llevamos al pesebre. Y, así, vamos preparando para que cuando llegue el niño Jesús, María tenga un lugar para recostarlo. Si amamos poco, el colchón va a ser un colchón delgado y, por lo mismo, frío. Pero si amamos mucho, Jesús va a estar más cómodo y calentito.
El viajero parecía comprenderlo todo. Sintió ganas de quedarse con esa familia hasta la Nochebuena, pero una voz que oyó en su interior lo invitó a llevar por otros pueblos lo que había aprendido y conocido en esa tierra: nuevas labores y corazones sencillos, tan llenos de amor, como los de esa familia.