Lunes, 29 de abril
SER HUMILDES
En
el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
LECTURA Un verano
sin juguetes
Alberto tenía la habitación empapelada de todo tipo de
catálogos de juguetes, videojuegos, móviles y ordenadores. Una vez a la semana
le pedía una recompensa a su madre por cualquier cosa que él considerara buena
conducta: aprobar un examen, poner la mesa, limpiar su habitación, hacer su
cama o volver a la hora del parque. Era algo que llevaba haciendo desde los 8
años y que ahora tenía diez se había convertido un poco en una rutina. En el
fondo tenía tantas cosas que ya no sabía qué regalos pedir y por eso siempre
acumulaba catálogos. Para saber qué elegir.
Sus padres que
pensaban que era bueno para Alberto el motivarlo con muchas cosas pero ya no
sabían cómo sorprenderlo. Le envolvían los videojuegos con papel brillante, le
hacían bizcochos de fresa para merendar los viernes mientras abría su recompensa,
pero veían que nada hacía que Alberto estuviera feliz.
Cuando llegó el
verano su tía Ana decidió que podía ser buena idea que Alberto la acompañara
unos días a su casa de la playa. Los padres de Alberto accedieron y al niño le
pareció bien pero tenía dudas de cómo se sentiría en un lugar donde no tuviera
todas sus cosas.
- ¿Y cómo voy a pasármelo bien, tía Ana, si apenas llevo una
cuarta parte de mis cosas?
- Descubrirás cosas nuevas que te gusten. Ya verás que bien
te lo vas a pasar conmigo.
- ¿Y cómo voy a escoger lo que me gusta si no lo puedo ver
antes en ningún catálogo?
- Créeme, no necesitas ningún catálogo.
Alberto miró a su tía extrañado. Si no hay nada mejor en el mundo que escoger y poder tenerlo inmediatamente. ¿Qué sorpresa sería nueva para él?
Al pasar los cinco
días Alberto que volvió a la ciudad en el coche con su tía le dijo:
- Tía, muchas gracias por todo. He disfrutado mucho con los
helados que nos tomamos en la playa, me lo he pasado genial jugando con nuevos
amigos que he conocido sin apuntarme a ningún deporte; y cada día hemos hecho
cosas diferentes en la playa: un día la cometa, otro día un cuento, otro día
escribir nuestros nombres con conchas… Gracias por haberme hecho tan feliz este
verano.
Su tía Ana le contestó:
- Me alegro Alberto de que hayas conocido las cosas de la
vida que no se pueden comprar.
REFLEXIÓN
¿Es difícil ser humilde?
ORACIÓN
Señor Jesús, te damos gracias por la vida.
Te pedimos que nos ayudes a vivir felices haciendo felices a los
demás. AMÉN
Martes, 30 de abril
SOLIDARIDAD
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
.
LECTURA: EL leopardo insolidario
Había
una vez en la selva un leopardo muy nocturno. Apenas podía dormir por las
noches. Subido en su árbol, que le servía de casa, se dedicaba a mirar lo que
ocurría en la selva durante la noche. Fue así como descubrió que en aquella
selva había un ladrón, observándolo pasar cada noche a la ida con las manos
vacías, y a la vuelta con los objetos robados durante la noche. Unas veces eran
los plátanos del señor mono, otras la peluca del león o las manchas de la
cebra, y un día hasta el colmillo postizo del gran elefante.
Pero
al leopardo no le importaba lo que les pasara a los demás; mientras no le
ocurriera a él…
Los
animales estaban preocupados por el ladrón, además de furiosos, y más, porque
no sabían quién era. Pero el leopardo, que sí lo sabía, seguía tranquilo en su
árbol, disfrutando incluso cada noche con los viajes del ladrón.
Sin
embargo, una noche el ladrón no apareció y el leopardo, harto de esperar, se
cansó y decidió dormir un rato. Cuando despertó, se encontró en un lugar muy
distinto del que era su hogar, flotando sobre el agua, aún subido al árbol.
Estaba en un pequeño lago dentro de una cueva, y a su alrededor pudo ver todos
aquellos objetos que, noche tras noche, había visto robar...
¡El
ladrón había cortado el árbol, o sea su casa, con él dentro! ¡Aquello era el
colmo! Así que, el leopardo, aprovechando que el ladrón no estaba por allí,
escapó corriendo y fue a ver al resto de animales para contarles dónde guardaba
sus cosas aquel ladrón...
Todos
agradecieron al leopardo el haber descubierto al ladrón y su escondite, y
permitirles recuperar sus cosas. Y resultó que al final, quien más salió
perdiendo ¿sabéis quién fue?... Pues el leopardo, que no pudo replantar su
magnífico árbol y tuvo que conformarse con uno mucho peor y en un sitio muy
aburrido...
Y
se arrepintió de su falta de solidaridad durante toda su vida, si hubiera
colaborado antes con los demás…
REFLEXIÓN
Si algo diferencia a un buen amigo es que ayuda a sus amigos. Y muchas veces nuestra mayor necesidad es que nos expliquen un ejercicio que no sabemos hacer, o cómo se juega a eso que todos juegan pero que yo no pillo.
Si algo diferencia a un buen amigo es que ayuda a sus amigos. Y muchas veces nuestra mayor necesidad es que nos expliquen un ejercicio que no sabemos hacer, o cómo se juega a eso que todos juegan pero que yo no pillo.
ORACIÓN
Señor
Jesús, te damos gracias por tener a María como madre.
Te pedimos que nos ayudes a ser como ella:
sencillos, generosos, alegres y confiados en Ti. AMÉN
