MARTES, 28 de mayo
Asamblea en la carpintería
CUENTO: Asamblea en la carpintería
Cuentan que una vez en
la carpintería hubo una extraña asamblea: fue una reunión de herramientas para
arreglar sus diferencias. El martillo ejerció la presidencia, pero la asamblea
le notificó que tenía que renunciar. ¿La causa? ¡Hacía demasiado ruido! Y,
además, se pasaba el tiempo golpeando.
El martillo aceptó su
culpa, pero pidió que también fuera expulsado el tornillo; dijo que había que
darle muchas vueltas para que sirviera de algo. Ante el ataque, el tornillo
aceptó también, pero a su vez pidió la expulsión de la lija. Hizo ver que era
muy áspera en su trato y siempre tenía fricciones con los demás.
Y la lija estuvo de
acuerdo, a condición de que fuera expulsado el metro que siempre se la pasaba
midiendo a los demás según su medida, como si fuera el único perfecto.
En eso, entró el
carpintero, se puso el delantal e inició su trabajo. Utilizó el martillo, la
lija, el metro y el tornillo. Finalmente, la tosca madera inicial se convirtió
en un fino mueble.
Cuando la carpintería
quedó nuevamente sola, la asamblea reanudó la deliberación. Fue entonces cuando
tomó la palabra el serrucho, y dijo:
—¡Señores, ha quedado demostrado que tenemos defectos, pero el carpintero
trabaja con nuestras cualidades! ¡Eso es lo que nos hace valiosos! ¡Así que no
pensemos ya en nuestros puntos malos y concentrémonos en la utilidad de
nuestros puntos buenos!
La asamblea encontró
entonces que el martillo era fuerte, el tornillo unía y daba fuerza, la lija
era especial para afinar y limar asperezas y observaron que el metro era
preciso y exacto. Se sintieron entonces un equipo capaz de producir muebles de
calidad. Se sintieron orgullosos de sus fortalezas y de trabajar juntos.
REFLEXIÓN
¿Cuándo nos
comportamos como el martillo, o el metro, o la lija, o el tornillo? (Señalar
las actitudes negativas y las positivas de cada uno).
¿Con cuál de las
herramientas me identifico más? ¿Por qué?
Enumera unas listas de
tus propias fortalezas y debilidades.
¿Quiénes pueden hacer
de carpinteros para nosotros?
ORACIÓN
Señor Jesús, te damos gracias por tener a María como madre.
Te pedimos que nos ayudes a ser como ella:
sencillos, generosos, alegres y confiados en Ti. AMÉN
MIÉRCOLES, 29 de mayo
Leyenda del arco iris
CUENTO: Leyenda del Arco iris
Cuentan que, hace mucho tiempo, los colores empezaron a pelearse.
Cada uno proclamaba que él era el más importante, el más útil, el favorito.
El verde dijo: “Sin duda, yo
soy el más importante. Soy el signo de la vida y la esperanza. Me han escogido
para la hierba, los árboles, las hojas. Sin mi todos los animales morirían.
Miren a su alrededor y verán que estoy en la mayoría de las cosas.”
El azul interrumpió: “Tú
sólo piensas en la tierra, pero considera el cielo y el mar. El agua es la base
de la vida y son las nubes las que la absorben del mar azul. El cielo da
espacio, paz y serenidad. Sin mi paz no serían más que aficionados.”
El amarillo soltó una risita: “¡Ustedes
son tan serios! Yo traigo al mundo risas, alegría y color. El sol es amarillo,
la luna es amarilla, las estrellas son amarillas. Cada vez que miran a un
girasol, el mundo entero comienza a sonreír. Sin mí, no habría alegría.”
A continuación tomó la palabra el naranja: “Yo soy el color de la salud y de la fuerza. Puedo ser poco frecuente,
pero soy precioso para las necesidades internas de la vida humana. Yo
transporto las vitaminas más importantes. Piensen en las zanahorias, las
calabazas, las naranjas, los mangos, las papayas. No estoy, todo el tiempo
dando vueltas, pero cuando coloreo el cielo en el amanecer o en el crepúsculo,
mi belleza es tan impresionante que nadie piensa en ustedes.”
El rojo no podía contenerse por más tiempo y saltó: “Yo soy el color del valor y del peligro.
Estoy dispuesto a luchar por una causa. Traigo fuego en la sangre. Sin mí, la
tierra estaría vacía como la luna. Soy el color de la pasión y del amor; de la
rosa roja, la flor de pascua y la amapola.”
El púrpura enfureció con toda su fuerza. Era muy alto y habló con
gran pompa: “Soy el color de la realeza y
del poder. Reyes, jefes de Estado, obispos me han escogido siempre porque soy
el signo de la autoridad y de la sabiduría. La gente no me cuestiona; me
escucha y me obedece.”
El añil habló mucho más tranquilamente que los otros, pero con
igual determinación: “Piensen en mí, soy
el color del silencio. Raramente reparan en mí, pero sin mí, todos serían
superficiales. Represento el pensamiento y la reflexión, el crepúsculo y las
aguas profundas. Me necesitan para el equilibrio y el contraste, la oración y
las paz interior.”
Así fue como los colores estuvieron presumiendo, cada uno
convencido de que él era el mejor. Su querella se hizo más y más ruidosa. De
repente, apareció un resplandor de luz blanca y brillante. Había relámpagos que
retumbaban con estrépito. La lluvia empezó a caer a cántaros, implacablemente.
Los colores comenzaron a acurrucarse con miedo, acercándose unos a otros
buscando protección.
La lluvia habló: “Están
locos colores, luchando contra ustedes mismos, intentando cada uno dominar al
resto. ¿No saben que todos son necesarios en el mundo? Cada uno para un
objetivo especial, único y diferente; junten sus manos y vengan conmigo”.
Y así fue como formaron un gran arco de colores como recuerdo de
que todos pueden vivir juntos en paz y como señal de esperanza para el mañana.
Señor Jesús, te damos gracias por tener a María como madre.
Te pedimos que nos ayudes a ser como ella:
sencillos, generosos, alegres y confiados en Ti. AMÉN
Jueves, 30 de mayo
pin y flop
CUENTO: Pin y Flop
Hace tanto tiempo que ya nadie se
acuerda de que hubo una época en la que cada niño vivía con un duendecillo de
la felicidad que lo acompañaba desde el día de su nacimiento. Los duendecillos
se alimentaban de la alegría de los niños, y por eso eran expertos inventores de juguetes y magníficos
artistas capaces de provocar las mejores sonrisas.
Con el paso de los años, los duendes
mejoraron sus inventos y espectáculos, pero la alegría que conseguían era cada
vez más breve. Por más que hicieran, los
niños se volvían gruñones y exigentes cada vez más temprano. Todo les
parecía poco y siempre querían más. Y ante la escasez de felicidad, los duendes
comenzaron a pasar hambre.
Pero cuando pensaban que todo estaba perdido, apareció la pequeña Elsa. Elsa había sido una niña muy triste, pero de pronto se convirtió en la más poderosa fuente de alegría. Ella sola bastaba para alimentar cientos de duendes. Pero cuando quisieron felicitar a su duende, el pequeño Flop, no lo encontraron por ningún sitio. Por más que buscaron no hubo suerte, y cuando lo dieron por muerto, decidieron sustituirlo por Pin, el mejor duende de todos.
Pin descubrió enseguida que Elsa era diferente. Ella no disfrutaba mucho con los regalos y maravillas de su duende. Regalaba a otros niños la mayoría de juguetes que recibía de Pin, y nunca dejaba que su duende actuase solo para ella. Vamos, que parecía que su propia alegría le importaba mucho menos que la de los demás niños y a Pin le preocupaba que con esa actitud se pudiera ir gastando toda su energía.
Una noche, mientras Pin descansaba en su cama de duende, sintió algo
extraño bajo el colchón, y al levantarlo descubrió la ropa de Flop, cubierta de
chocolate dorado. Como todos los duendes, Pin conocía las leyendas sobre el chocolate dorado, pero
pensaba que eran mentira. Ahora, viendo que podían ser ciertas, Pin corrió
hacia la cama en que dormía Elsa y miró a través de sus ojos. ¡Allí estaba
Flop, regordete de tanta felicidad! Pin sabía que desde dentro Flop no podía
verle, pero volvió a su cama feliz
por haber encontrado a su amigo, y por haber descubierto el secreto de
la felicidad de Elsa: Flop la había convertido desde dentro en un duendecillo
de la felicidad, y ahora que estaba tan ocupada haciendo felices a otros se
había convertido en una niña verdaderamente feliz.
Los días siguientes Pin investigó cuanto pudo sobre el chocolate dorado para enseñar a los demás duendes cómo hacer el mismo viaje. Bastaba con elegir un niño triste, posarse en su mano mientras dormía, darle un fuerte abrazo, y desear ayudarlo con todas sus fuerzas.
Así fue como Pin se convirtió en un bombón dorado. Y a la mañana siguiente aquel niño triste se lo comió. Aunque sabía que no le dolería, pasó muchísimo miedo, al menos hasta que le tocó la lengua, porque a partir de ese momento sintió las cosquillas más salvajes y rio y rio y rio… hasta que estalló de risa. Y entonces apareció en el alma de aquel niño triste, dispuesto a convertirlo en un auténtico duendecillo de la felicidad ayudando a otros a ser más felices.
Los demás duendes no tardaron en imitar a Pin y a Flop, y pronto cada niño tuvo en su interior un duendecillo de la felicidad. El mismo que aún hoy nos habla todos los días para decirnos que para ser verdaderamente felices hay que olvidarse un poco de las propias diversiones y hacer algo más por los demás.
ORACIÓN
Señor
Jesús, te damos gracias por tener a María como madre.
Te
pedimos que nos ayudes a ser como ella:
sencillos,
generosos, alegres y confiados en Ti. AMÉN
Viernes, 31 de mayo
La fiesta de cumpleaños de martín
CUENTO: La fiesta de cumpleaños de Martín
Ya quedaba
muy poco tiempo para que llegara el gran día de Martín, un niño muy juguetón al que
todo el mundo quería, pues era un niño encantador y bondadoso con los demás, la fiesta de
su cumpleaños.
Martín iba a cumplir 8
años, y desde hacía unos meses, sólo pensaba en lo bien que se
lo pasaría con sus amigos en la fiesta de cumpleaños que organizarían en el
jardín de su casa. Y es normal, porque sus padres le organizaban una fiesta por todo lo alto. Venían payasos,
malabaristas, e incluso ponían dos camas elásticas para que Martín y sus amigos
se lo pasaran en grande dando saltos sin parar.
Pero lo que
Martín no sabía es que este año sus
padres no podrían organizarle ese tipo fiesta, pues se habían
gastado sus ahorros en comprar un coche nuevo.
Los padres de
Martín no querían
desilusionarle, y no paraban de pensar y pensar, en cómo
organizar una fiesta de cumpleaños más humilde; sin payasos, ni malabaristas, ni
colchonetas… pero que Martín nunca la olvidara. Después de varios días,
los padres de Martín tuvieron una idea.
Se pusieron
en contacto con todos los amigos de Martín, explicándoles que necesitaban
su ayuda para que
Martín tuviera una fiesta de cumpleaños por todo lo alto, pero gastando muy
poco dinero, pues no tenían.
El plan era
el siguiente, cada de uno
de sus amigos se encargaría de llevar algo a la fiesta de cumpleaños.
Luis, por ejemplo, se encargaría de hacer los sandwiches, Alberto, de llevar un
pastel que él mismo elaboraría, y así todos los demás.
¡Llegó el
gran día, hoy era el cumpleaños de Martín!
“¡Felicidades!“,
dijeron a la vez los padres de Martín al entrar en su cuarto para despertarlo.
“¡Gracias!“,
respondió Martín aún muy dormido y se abrazó a ellos.
“Esta tarde
será tu fiesta de cumpleaños, esperamos que te guste, ya que este año será algo
diferente al resto de años“, le dijo su padre.
“¡Seguro que
sí!“, respondió Martín algo más despierto.
Como todos
los días, Martín fue al colegio
dónde recibió multitud de felicitaciones de amigos y profesores, y algún que
otro tirón de
orejas. Al finalizar el colegio, Martín junto con el resto de
sus amigos, se dirigieron a su casa, dónde sus padres los esperaban.
Cuando Martín
abrió la puerta del jardín se encontró un cartel enorme en el que ponía “¡Felicidades Martín! Eres un gran amigo” en
letras de colores, y justo debajo, estaban las firmas de todos sus amigos.
Justo debajo
del cartel, había una mesa enorme en la que había muchísima comida y bebida,
todo ello preparado por sus amigos y sus padres.
Además,
habían preparado
diferentes juegos ubicados
por todo el jardín; canicas, una cuerda para saltar, un pequeño campo de fútbol
formado por una línea pintada con tiza del cole y unas maderas viejas como
porterías que tenía el padre de Martín en el trastero.
Este
cumpleaños fue muy especial para Martín, pues se dio cuenta que gracias a la bondad y la cooperación de sus amigos y sus padres,
pudo tener una fiesta de cumpleaños estupenda, por lo que siempre les estaría muy agradecido.
Señor Jesús, te damos gracias por tener a María como madre.
Te pedimos que nos ayudes a ser como ella:
sencillos, generosos, alegres y confiados en Ti. AMÉN
