sábado, 21 de octubre de 2017

ORACIONES 23-27 OCTUBRE

LUNES 23 OCTUBRE. EN EL NOMBRE DEL PADRE, DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO

Los misioneros, constructores de felicidad

La semana pasada hablábamos sobre la campaña del Domund y ayer domingo se recogía en la Iglesia dinero para ayudar a todas esas personas que no tienen lo imprescindible para vivir. Nosotros no nos damos cuenta de todo lo que tenemos y que nos hace felices, y de todo lo que podemos hacer para que los demás se sientan un poco mejor.

ORACIÓN


Señor, ayúdame a ser como tú me quieres y a mostrar con mis actos que puedo hacer feliz a los demás.





MARTES 24 OCTUBRE. EN EL NOMBRE DEL PADRE, DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO

Somos misioneros de felicidad,
cuando trabajamos por la justicia


“¿Cuándo eres feliz?“  Somos más felices cuando hacemos algo por los demás; por ejemplo cuando ayudamos en casa a poner la mesa, cuando vamos con la abuela y la ayudamos con la compra, cuando me acerco en el patio donde un niño que a menudo veo solo, etc…

Terminamos la oración de hoy transmitiendo alegría y cariño al que más lo necesite. Pensemos quién hay entre nosotros que esté triste por algún motivo y acerquémonos a él ofreciéndole nuestra presencia y ayuda.

ORACIÓN

Que tu Palabra, Señor, eche raíces en mi corazón para que ayude a ser felices a los demás.



MIÉRCOLES 25 OCTUBRE. EN EL NOMBRE DEL PADRE, DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO

Somos misioneros de felicidad,

cuando somos pacíficos

EVANGELIO: Mateo 5, 9

«Felices los que trabajan en favor de la paz, porque Dios los llamará hijos suyos»


LECTURA

Una maestra pidió a sus pequeños alumnos que contaran las buenas acciones que habían realizado en favor de los animales. Se oyeron historias verdaderamente conmovedoras. Y cuando llegó el turno de Adrián, éste dijo orgullosamente: "Bueno, pues yo una vez le pegué una patada a uno de la clase que había pegado una patada a un perro".


REFLEXIÓN


Hay quienes empiezan una guerra para acabar con todas las guerras, o utilizan la violencia para llegar al amor... Ninguno de los dos es buen camino. A la felicidad se llega por caminos de amor, de paz, de comprensión... Tú, ¿qué das? ¿Violencia, insultos, enfados... o perdón, amistad, ayuda…?

ORACIÓN

Tú nos has prometido tu paz, Jesús. Cuando sé que tú me amas incondicionalmente, siento la paz en mi interior. Regálame, Jesús, la paz interior para que pueda también crear paz en torno a mi persona.



JUEVES 26 OCTUBRE. EN EL NOMBRE DEL PADRE, DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO

Somos misioneros de felicidad,
cuando nos preocupamos por los demás


Lucas 10, 29: «¿Y quién es mi prójimo?” Jesús le dijo: “... Un samaritano que iba de camino llegó junto al herido, y al verlo, se sintió conmovido. Se acercó a él, le vendó las heridas... y cuidó de él... Haz tú lo mismo»

LECTURA

En cierta ocasión, los diversos miembros y órganos del cuerpo estaban muy enfadados con el estómago. Se quejaban de que ellos tenían que buscar el alimento y dárselo al estómago, mientras que éste no hacía más que devorar el fruto del trabajo de ellos. De modo que decidieron no darle más alimento al estómago. Las manos dejaron de llevarlo a la boca, los dientes dejaron de masticar y la garganta dejó de tragar. Pensaban que así el estómago espabilaría. Pero lo único que consiguieron fue debilitar el cuerpo y se vieran en auténtico peligro de muerte.


REFLEXIÓN


Todos los miembros del cuerpo aprendieron la lección: al ayudarse unos a otros, en realidad trabajaban por su propia felicidad. ¿Creo que haciendo felices a los demás soy yo también feliz? Recuerdo alguna escena en la que me he sentido feliz cuando he ayudado a los que estaban conmigo.

ORACIÓN

Jesús, Tú eres mi amigo y me acompañas en mis caminos. Y puedo ver cómo amas a todas las personas. Regálame algo de tu fuerza, de tu nobleza, de tu amor y de tu bondad, de tu confianza y tu fe. Permanece hoy junto a mí, Jesús.

VIERNES 27 OCTUBRE. EN EL NOMBRE DEL PADRE, DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO

Somos misioneros de felicidad,
cuando tenemos buenas intenciones

LECTURA: Los malos vecinos
Había una vez un hombre que salió un día de su casa para ir al trabajo, y justo al pasar por delante de la puerta de la casa de su vecino, sin darse cuenta se le cayó un papel importante. Su vecino, que miraba por la ventana en ese momento, vio caer el papel, y pensó:
- ¡Qué descarado, el tío va y tira un papel para ensuciar mi puerta, disimulando descaradamente!
Pero en vez de decirle nada, planeó su venganza, y por la noche vació su papelera junto a la puerta del primer vecino. Este estaba mirando por la ventana en ese momento y cuando recogió los papeles encontró aquel papel tan importante que había perdido y que le había supuesto un problemón aquel día. Estaba roto en mil pedazos, y pensó que su vecino no sólo se lo había robado, sino que además lo había roto y tirado en la puerta de su casa. Pero no quiso decirle nada, y se puso a preparar su venganza. Esa noche llamó a una granja para hacer un pedido de diez cerdos y cien patos, y pidió que los llevaran a la dirección de su vecino, que al día siguiente tuvo un buen problema para tratar de librarse de los animales y sus malos olores. Pero éste, como estaba seguro de que aquello era idea de su vecino, en cuanto se deshizo de los cerdos comenzó a planear su venganza.
Y así, uno y otro siguieron fastidiándose mutuamente, cada vez más exageradamente, y de aquel simple papelito en la puerta llegaron a llamar a una banda de música, o una sirena de bomberos, a estrellar un camión contra la tapia, lanzar una lluvia de piedras contra los cristales, disparar un cañón del ejército y finalmente, una bomba-terremoto que derrumbó las casas de los dos vecinos...
Ambos acabaron en el hospital, y se pasaron una buena temporada compartiendo habitación. Al principio no se dirigían la palabra, pero un día, cansados del silencio, comenzaron a hablar; con el tiempo, se fueron haciendo amigos hasta que finalmente, un día se atrevieron a hablar del incidente del papel. Entonces se dieron cuenta de que todo había sido una coincidencia, y de que si la primera vez hubieran hablado claramente, en lugar de juzgar las malas intenciones de su vecino, se habrían dado cuenta de que todo había ocurrido por casualidad, y ahora los dos tendrían su casa en pie...

Y así fue, hablando, como aquellos dos vecinos terminaron siendo amigos, lo que les fue de gran ayuda para recuperarse de sus heridas y reconstruir sus maltrechas casas.

ORACIÓN


Me gustaría, Jesús, vivir haciendo felices a los que están conmigo, pues Tú quieres que la felicidad esté en el corazón de todas las personas. Enséñame, Jesús, la manera de comportarme siempre según lo que me hable mi corazón.

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