Los misioneros, constructores
de felicidad
ORACIÓN
Señor,
ayúdame a ser como tú me quieres y a mostrar con mis actos que puedo hacer
feliz a los demás.
MARTES 24 OCTUBRE. EN EL NOMBRE DEL PADRE, DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO
Somos misioneros de felicidad,
cuando trabajamos por la justicia
“¿Cuándo eres feliz?“ Somos más felices cuando hacemos algo por los demás; por ejemplo cuando
ayudamos en casa a poner la mesa, cuando vamos con la abuela y la ayudamos con
la compra, cuando me acerco en el patio donde un niño que a menudo veo solo,
etc…
Terminamos la oración de hoy transmitiendo alegría y cariño al que más lo necesite. Pensemos quién
hay entre nosotros que esté triste por algún motivo y acerquémonos a él
ofreciéndole nuestra presencia y ayuda.
ORACIÓN
Que tu Palabra, Señor, eche
raíces en mi corazón para que ayude a ser felices a los demás.
MIÉRCOLES 25 OCTUBRE. EN EL NOMBRE DEL PADRE, DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO
Somos misioneros de felicidad,
Somos misioneros de felicidad,
cuando somos pacíficos
LECTURA
REFLEXIÓN
EVANGELIO: Mateo 5, 9
«Felices los que trabajan en favor de la paz,
porque Dios los llamará hijos suyos»
LECTURA
Una maestra pidió a sus pequeños alumnos
que contaran las buenas acciones que habían realizado en favor de los animales.
Se oyeron historias verdaderamente conmovedoras. Y cuando llegó el turno de
Adrián, éste dijo orgullosamente: "Bueno, pues yo una vez le pegué una
patada a uno de la clase que había pegado una patada a un perro".
REFLEXIÓN
Hay quienes empiezan una guerra para
acabar con todas las guerras, o utilizan la violencia para llegar al amor...
Ninguno de los dos es buen camino. A la felicidad se llega por caminos de amor,
de paz, de comprensión... Tú, ¿qué das? ¿Violencia, insultos, enfados... o
perdón, amistad, ayuda…?
ORACIÓN
Tú nos has prometido tu paz, Jesús. Cuando sé que tú me amas
incondicionalmente, siento la paz en mi interior. Regálame, Jesús, la paz interior para que pueda también crear paz
en torno a mi persona.
JUEVES 26 OCTUBRE. EN EL NOMBRE DEL PADRE, DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO
Somos misioneros de felicidad,
cuando nos preocupamos por los demás
Lucas 10, 29: «¿Y quién es mi prójimo?” Jesús le dijo: “... Un samaritano que iba de
camino llegó junto al herido, y al verlo, se sintió conmovido. Se acercó a él,
le vendó las heridas... y cuidó de él... Haz tú lo mismo»
LECTURA
En cierta ocasión, los diversos miembros y órganos del cuerpo estaban
muy enfadados con el estómago. Se quejaban de que ellos tenían que buscar el
alimento y dárselo al estómago, mientras que éste no hacía más que devorar el
fruto del trabajo de ellos. De modo que decidieron no darle más alimento al
estómago. Las manos dejaron de llevarlo a la boca, los dientes dejaron de
masticar y la garganta dejó de tragar. Pensaban que así el estómago
espabilaría. Pero lo único que consiguieron fue debilitar el cuerpo y se vieran
en auténtico peligro de muerte.
REFLEXIÓN
Todos los miembros del cuerpo aprendieron la lección: al ayudarse unos
a otros, en realidad trabajaban por su propia felicidad. ¿Creo que haciendo
felices a los demás soy yo también feliz? Recuerdo alguna escena en la que me
he sentido feliz cuando he ayudado a los que estaban conmigo.
ORACIÓN
Jesús, Tú eres mi amigo y me acompañas en mis caminos. Y puedo ver
cómo amas a todas las personas. Regálame
algo de tu fuerza, de tu nobleza, de tu amor y de tu bondad, de tu confianza y
tu fe. Permanece hoy junto a mí,
Jesús.
VIERNES 27 OCTUBRE. EN EL NOMBRE DEL PADRE, DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO
Somos misioneros de felicidad,
cuando tenemos buenas intenciones
Somos misioneros de felicidad,
cuando tenemos buenas intenciones
LECTURA: Los malos vecinos
Había una vez un hombre que salió un día de su casa para ir al
trabajo, y justo al pasar por delante de la puerta de la casa de su vecino, sin
darse cuenta se le cayó un papel importante. Su vecino, que
miraba por la ventana en ese momento, vio caer el papel, y
pensó:
- ¡Qué descarado, el tío va y tira un papel para
ensuciar mi puerta, disimulando descaradamente!
Pero en vez de decirle nada, planeó su venganza, y por la noche
vació su papelera junto a la puerta del primer vecino. Este estaba mirando por
la ventana en ese momento y cuando recogió los papeles encontró aquel papel tan
importante que había perdido y que le había supuesto un problemón aquel día.
Estaba roto en mil pedazos, y
pensó que su vecino no sólo se lo había robado, sino que
además lo había roto y tirado en la puerta de su casa. Pero no quiso decirle
nada, y se puso a preparar su venganza. Esa
noche llamó a una granja para hacer un pedido de diez cerdos y cien patos,
y pidió que los llevaran a la dirección de su vecino, que al día siguiente tuvo
un buen problema para tratar de librarse de los animales y sus malos olores.
Pero éste, como estaba seguro de que aquello era idea de su vecino, en cuanto
se deshizo de los cerdos comenzó a planear su venganza.
Y así, uno y otro siguieron fastidiándose mutuamente,
cada vez más exageradamente, y de aquel simple papelito en la puerta llegaron a
llamar a una banda de música, o una sirena de bomberos, a estrellar un camión
contra la tapia, lanzar una lluvia de piedras contra los
cristales, disparar un cañón del ejército y finalmente, una
bomba-terremoto que derrumbó las casas de los dos vecinos...
Ambos acabaron en el hospital, y se pasaron una
buena temporada compartiendo habitación. Al principio no se dirigían la palabra, pero un día, cansados del
silencio, comenzaron a hablar; con el tiempo, se fueron
haciendo amigos hasta que finalmente, un día se atrevieron a
hablar del incidente del papel. Entonces se dieron cuenta de que todo había
sido una coincidencia, y de que si la primera vez hubieran hablado claramente, en lugar de juzgar las malas
intenciones de su vecino, se habrían dado cuenta de que todo
había ocurrido por casualidad, y ahora los dos tendrían su casa en pie...
Y así fue, hablando, como
aquellos dos vecinos terminaron siendo amigos, lo que les
fue de gran ayuda para recuperarse de sus heridas y reconstruir sus maltrechas
casas.
ORACIÓN
Me gustaría, Jesús, vivir haciendo felices a los que están conmigo,
pues Tú quieres que la felicidad esté en el corazón de todas las personas. Enséñame, Jesús, la manera de
comportarme siempre según lo que me hable mi corazón.
No hay comentarios:
Publicar un comentario