jueves, 27 de septiembre de 2018








Viernes, 28 de septiembre

Mi familia me lleva de la mano



LECTURA BREVE

En Japón, en un bonito castillo, vivían dos familias reales, cada una con su papá rey, su mamá reina y su hija la princesa. Aunque las familias reales no suelen compartir sus palacios, estas lo hacían por una razón muy especial: no lo sabían. Y es que la segunda de estas familias era una familia de reales ratoncitos que vivía entre las paredes del castillo. Miembros de la antigua dinastía ratuna de los Kaso, eran orgullosos y comodones: todo lo hacían sus sirvientes, quienes robaban de todo a los verdaderos dueños del palacio. Vivían tan a gusto que nunca salían de su pequeña habitación, y ni siquiera sabía que vivían en un palacio habitado por humanos.

Tantas comodidades y tan poco esfuerzo habían convertido a Yonohago, la princesa ratona, en una mandona impaciente que vivía tan ocupada pidiendo y exigiendo que nunca escuchaba nadie.

            - ¡Quiero un pastel ahora mismo!
            - ¿De qué sabor, princesa?
            - ¡Que no me hables! ¡Quiero mi pasteeeeel!

Sus papás le avisaron de que así se quedarían sin sirvientes, pero no quiso escuchar: estaba demasiado ocupada haciendo lo que ella quería, cuando ella quería y como ella quería. Molestos, los ratones sirvientes se fueron marchando, hasta que no quedó ninguno.

            - Ahora te tocará hacer las cosas por ti misma - dijo la reina ratona.
            - ¡De ninguna manera! Encontraré nuevos sirvientes- respondió orgullosa.

Y se marchó a buscarlos. Al acercarse a las zonas habitadas por humanos descubrió carteles avisando del peligro.

            - Soy la princesa: hago lo que quiero, cuando quiero y como quiero. No pienso hacer caso a nadie. Y menos a unos carteles.

Finalmente, llegó a la salida de la ratonera y se encontró en la habitación de la princesa humana, que dormía la siesta. Yonohago se puso muy contenta a ver a la niña.

            - ¡Este animal tan grande será un sirviente estupendo! ¡Venga, despierta, que tengo hambre!

La princesa humana, por supuesto, ni siquiera oía a alguien tan pequeño. La ratoncita, impaciente, trepó hasta la cara de la niña:

            - ¡Soy la princesa y he dicho que te levantes, bicho gordo! - dijo mordiéndole la nariz.

La niña se levantó de un salto y dio un grito. Varias personas llegaron corriendo y descubrieron en el centro de la habitación un ratoncillo de gesto orgulloso que parecía querer dar órdenes a todo el mundo. Y era verdad, la princesa ratona estaba enfadadísima con aquellos animales grandotes que tardaban tanto en traerle un pastel y un trozo de queso.

A todos les hizo tanta gracia ver a una ratoncita tan mandona que la guardaron en una jaula y la llevaron a un circo de ratones. Y allí, sin sirvientes ni comodidades, vivió la peor de sus aventuras, pues para conseguir un poquitín de comida al día tuvo que aprender a escuchar y obedecer todas y cada una de las tonterías que el domador le ordenaba.

Y ahora que sabe que se comportó más como una domadora que como un princesa, espera el momento de poder escapar para buscar a todos los ratones que maltrató, pedirles perdón y escuchar atenta cualquier consejo que quieran darle.



REFLEXIÓN


Tu familia está constantemente contigo, pase lo que pase y hagas lo que hagas. Es la que te ayuda a levantarte cuando te caes y te cura las heridas. ¿Qué haces tú por ellos? ¿Qué más puedes hacer por ellos?


VÍDEO: https://www.youtube.com/watch?v=gymyXJPbVIw


ORACIÓN:

Jesús te pido por mi familia,
que cada día de nuestra vida,
estén llenos de tu bondad.

Que nunca les falte:
un motivo para sonreir,
que nunca les falte salud,
que nunca les falte amor,
que nunca les falte alimento,
que nunca les faltes tu.


CANCIÓN: https://www.youtube.com/watch?v=vs1RhBAXecg





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