Nos sentimos queridos en nuestra familia.
MARTES, 8 de enero
PARÁBOLA
Parábola El
Hijo Pródigo.
Una de las parábolas más bonitas es la del hijo
pródigo. En ella Jesús nos habla de lo bueno que es Dios. Podemos trasladar la
idea al núcleo de la familia, de todas las cosas buenas que los padres hacen
por ellos y como pese a todo siempre están con ellos, como nos sentimos muy
queridos en nuestra familia. También las diferentes actitudes que tenemos
dentro de la familia: con los herman@s.
MiÉRCOLES, 9 de enero
CUENTO: Los dos
conejos
La
primavera había llegado al campo. El sol brillaba sobre la montaña y derretía
las últimas nieves. Abajo, en la pradera, los animales recibían con gusto el
calorcito propio del cambio de temporada. La brisa tibia y el cielo azul,
animaron a salir de sus madrigueras a muchos animales que llevaban semanas
escondidos ¡Por fin el duro invierno había desaparecido!
Las
vacas pacían tranquilas mordisqueando briznas de hierba y las ovejas, en grupo,
seguían al pastor al ritmo de sus propios balidos. Los pajaritos animaban la
jornada con sus cantos y, de vez en cuando, algún caballo salvaje pasaba
galopando por delante de todos, disfrutando de su libertad.
Los
más numerosos eran los conejos. Cientos de ellos aprovechaban el magnífico día
para ir en busca de frutos silvestres y, de paso, estirar sus entumecidas
patas.
Todo
parecía tranquilo y se respiraba paz en el ambiente, pero, de repente, de entre
unos arbustos, salió un conejo blanco corriendo y chillando como un loco. Su
vecino, un conejo gris que se consideraba a sí mismo muy listo, se apartó hacia
un lado y le gritó:
–
¡Eh, amigo! ¡Detente! ¿Qué te sucede?
El
conejo blanco frenó en seco. El pobre sudaba a chorros y casi no podía respirar
por el esfuerzo. Jadeando, se giró para contestar.
–
¿Tú que crees? No hace falta ser muy listo para imaginar que me están
persiguiendo, y no uno, sino dos enormes galgos.
El
conejo gris frunció el ceño y puso cara de circunstancias.
–
¡Vaya, pues sí que es mala suerte! Tienes razón, por allí los veo venir, pero
he de decirte que no son galgos.
Y
como quien no quiere la cosa, comenzaron a discutir.
–
¿Qué no son galgos?
–
No, amigo mío… Son perros de otra raza ¡Son podencos! ¡Lo sé bien porque ya soy
mayor y he conocido muchos a lo largo de mi vida!
–
Pero, ¿qué dices? ¡Son galgos! ¡Tienen las patas largas y esa manera de correr
les delata!
– Lo
siento, pero estás equivocado ¡Creo que deberías revisarte la vista, porque no
ves más allá de tus narices!
–
¿Eso crees? ¿No será que ya estás demasiado viejo y el que necesita gafas eres
tú?
–
¡Cómo te atreves!…
Enzarzados
en la pelea, no se dieron cuenta de que los perros se habían acercado
peligrosamente y los tenían sobre el cogote. Cuando notaron el calor del
aliento canino en sus largas orejas, dieron un gran salto a la vez y, por
suerte, consiguieron meterse en una topera que estaba medio camuflada a escasa
distancia.
Se
salvaron de milagro, pero una vez bajo tierra, se sintieron muy
avergonzados. El conejo blanco fue el primero en reconocer lo estúpido que
había sido.
–
¡Esos perros casi nos hincan el diente! ¡Y todo por liarnos a discutir sobre
tonterías en vez de poner a salvo el pellejo!
El
viejo conejo gris, asintió compungido.
–
¡Tienes toda la razón! No era el momento de pelearse por algo tan absurdo ¡Lo
importante era huir del enemigo!
Los
conejos de esta fábula se fundieron en un abrazo y, cuando los perros, fueran
galgos o podencos, se alejaron, salieron a dar un paseo como dos buenos amigos
que, gracias a su torpeza, habían aprendido una importante lección.
Moraleja: En la vida debemos aprender a distinguir las
cosas que son realmente importantes de las que no lo son. Esto nos resultará
muy útil para no perder el tiempo en cosas que no merecen la pena.
JUEVES, 10 de enero
Dios, te doy
gracias por mi familia
Querido Dios, te
doy las gracias porque sé que tu deseo es ver el bienestar en mi familia.
sabes que a veces
es difícil el camino que llevamos juntos,
pero confiamos en tu poder y tu obra en cada uno.
pero confiamos en tu poder y tu obra en cada uno.
Sé que nada es
imposible para ti.
Yo sé que tu amor
es más grande que cualquier cosa en este mundo;
ya sé que tú amas a mi familia más que yo mismo.
ya sé que tú amas a mi familia más que yo mismo.
Por favor, sánanos
con tu amor,
que tus palabras
nos hablen;
limpia nuestro
corazón de todo lo que no te gusta
y danos una nueva
oportunidad
para hacer las
cosas de la manera correcta.
En el
nombre de Jesús, Amén.
VIERNES, 11 de enero
CUENTO
Cuentos a elegir:
Una familia grande para un nido pequeño
El Jardinero y La Familia
No hay comentarios:
Publicar un comentario