Martes, 26 de
marzo
Desecha
el rencor
PIDE PERDON Y PERDONA
LECTURA: El
castillo de hielo
Había una vez un reino muy frío construido sobre nieve en el que
había un castillo que estaba hecho de hielo. Era un lugar tan frío que ni
siquiera el fuego que utilizaban sus habitantes para calentarse lograba
derretirlo. La causa estaba en la frialdad del corazón de los que allí vivían.
Todos tenían corazones de hielo. Especialmente el rey, que era déspota y
consentido.
Pero tal era el frío que salía de los corazones de aquella gente
que llegó un día en que el fuego del castillo finalmente se apagó. Aquello era
una tragedia. No había luz por la noche, ni lugar para cocinar los alimentos.
Necesitaban el fuego para vivir.
El rey mandó a un joven soldado que saliera a buscar fuego para
alimentar la chimenea del castillo.
-¡Y no vuelvas sin él!- le dijo.
El joven salió hacia la aldea con una lámpara y unas velas
apagadas en busca de alguien que le diera un poco de fuego. Se detuvo ante la
primera casa encontró, llamó a la puerta y dijo:
-¡Abrid! ¡El rey exige fuego para alimentar su chimenea!- gritó el
joven con tono impertinente.
Pero nadie le abrió la puerta, así que el soldado siguió
caminando. Encontró una segunda casa y volvió a llamar.
-¡El rey necesita fuego para alimentar su castillo!
Esperó un largo rato en la puerta, muerto de frío y sin recibir
respuesta alguna. Finalmente un hombre abrió la puerta con cierto recelo.
- El rey nunca se preocupa por su pueblo, ¿por qué habríamos de
ayudarle ahora?
Y cerró la puerta en las narices del soldado.
El joven continuó caminando pensando en las palabras de aquel
hombre. Al fin y al cabo tenía razón. Era normal que nadie quisiera ayudar al
rey. Pero el tenía que volver al castillo con el fuego. Se lo había dejado bien
claro el rey. Tenía que seguir intentándolo así que llamó a otra puerta.
- ¿Qué queréis? - contestó una mujer antes incluso de que hubiera
llamado
- Fuego, fuego para el castillo del rey, señora.
- ¿Sabes? No debería dártelo porque el rey no se lo merece. Pero
me da pena que vuelvas con las manos vacías y te encierre en las mazmorras…
Anda pasa.
La mujer le dio fuego al soldado y éste pudo encender la vela,
pero al poco rato de caminar con ella en la mano ésta se apagó. El muchacho no
lo entendía. No sabía que si había ocurrido eso era porque el frío de su
corazón la había apagado.
Intentó regresar a la casa de la mujer que había encendido la vela
pero había anochecido por completo y no pudo encontrar el camino. El joven
estaba desesperado. No podía volver al castillo sin fuego y cada vez tenía más
frío y hambre.
En ese momento, una joven pasó por allí y vio a aquel muchacho que
no dejaba de lamentarse de su mala suerte.
-¿Qué te pasa? Pareces triste.
-Soy un desgraciado -dijo él -. El rey me ha dicho que lleve fuego
al castillo y cuando por fin consigo a alguien que me lo dé se me apaga la
vela. ¡No puedo volver sin él!
-Tranquilo. Ven conmigo, yo te lo daré
El joven desconfió de la amabilidad de la muchacha pero aún así la
siguió. Llegaron a su casa y ella le Juntos le invitó a sentarse junto a la
chimenea para que entrara en calor.
- Sólo puedo ofrecerte pan duro, lo siento.
- Ya veo... imagino que querrás un buen puñado de monedas de oro
por dejar que me resguarde aquí y darme fuego.
- ¿Querer? ¿Por qué iba a pedirte algo? No quiero nada. Sólo
pretendía ayudarte.
- Ah, gracias entonces…. De donde yo vengo nadie te ayuda sin
pedirte algo a cambio.
- ¿De verdad? Aquí las cosas son de otra forma. Nadie tiene mucho,
pero nos ayudamos los unos a los otros para salir adelante.
- Ah… ¿Oye, te importa si paso la noche aquí? Estoy muy cansado
como para seguir andando hasta el castillo. Partiré mañana temprano.
Ambos se fueron a dormir pero el joven soldado continuó pensando
en las palabras de la muchacha: “Nos ayudamos los unos a los otros para salir
adelante”. Era una extraordinaria forma de ver las cosas y seguro que mucho más
felices así de lo que eran los habitantes del castillo.
- Tengo que encontrar la forma de ayudarle, se dijo.
Cuando a la mañana siguiente la muchacha se levantó se encontró la
mesa llena de pan, fruta, queso y leche. El soldado había madrugado para ir al
pueblo y comprarlo todo lo que pudo con unas monedas que había encontrado en
sus bolsillos.
-¡Muchísimas gracias! No sé cómo agradecértelo - dijo la muchacha
- Ya has hecho bastante. Gracias por todo.
El muchacho encendió su vela con cuidado y emprendió su camino de
vuelta. Tenía miedo de que volviera a apagarse pero esta vez no ocurrió. Cuando
llegó al castillo y prendió la chimenea sucedió algo sorprendente. La gente
empezó a sonreír y a ser amable de repente, y su corazón se llenó de paz y amor
por los demás. El rey dejó de ser déspota y la nieve desapareció para dar paso
a verdes y frondosos prados. El castillo de hielo se transformó en un castillo
de cristal donde el fuego de la chimenea no se apagó jamás.
REFLEXIÓN
Si
te hacen algo malo… ¿Deseas que le pase lo mismo a la persona que te lo ha
hecho? ¿Por qué?
Muchas
veces queremos devolver con la misma moneda a las personas que nos hacen algo
malo. Sin embargo, si les enseñamos a hacer las cosas bien, aprenderán de
nosotros y mejorarán.
VÍDEO:
Regalos de rabia y rencor: https://www.youtube.com/watch?v=ZLtdSoBUdcI
cancion : https://www.youtube.com/watch?v=PDwp-M7E5UI
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