domingo, 28 de abril de 2019


Lunes, 29 de abril

SER HUMILDES

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.




LECTURA Un verano sin juguetes

Alberto tenía la habitación empapelada de todo tipo de catálogos de juguetes, videojuegos, móviles y ordenadores. Una vez a la semana le pedía una recompensa a su madre por cualquier cosa que él considerara buena conducta: aprobar un examen, poner la mesa, limpiar su habitación, hacer su cama o volver a la hora del parque. Era algo que llevaba haciendo desde los 8 años y que ahora tenía diez se había convertido un poco en una rutina. En el fondo tenía tantas cosas que ya no sabía qué regalos pedir y por eso siempre acumulaba catálogos. Para saber qué elegir. 

Sus padres que pensaban que era bueno para Alberto el motivarlo con muchas cosas pero ya no sabían cómo sorprenderlo. Le envolvían los videojuegos con papel brillante, le hacían bizcochos de fresa para merendar los viernes mientras abría su recompensa, pero veían que nada hacía que Alberto estuviera feliz.

Cuando llegó el verano su tía Ana decidió que podía ser buena idea que Alberto la acompañara unos días a su casa de la playa. Los padres de Alberto accedieron y al niño le pareció bien pero tenía dudas de cómo se sentiría en un lugar donde no tuviera todas sus cosas. 

- ¿Y cómo voy a pasármelo bien, tía Ana, si apenas llevo una cuarta parte de mis cosas? 
- Descubrirás cosas nuevas que te gusten. Ya verás que bien te lo vas a pasar conmigo.
- ¿Y cómo voy a escoger lo que me gusta si no lo puedo ver antes en ningún catálogo?
- Créeme, no necesitas ningún catálogo. 

Alberto miró a su tía extrañado. Si no hay nada mejor en el mundo que escoger y poder tenerlo inmediatamente. ¿Qué sorpresa sería nueva para él?

Al pasar los cinco días Alberto que volvió a la ciudad en el coche con su tía le dijo:
- Tía, muchas gracias por todo. He disfrutado mucho con los helados que nos tomamos en la playa, me lo he pasado genial jugando con nuevos amigos que he conocido sin apuntarme a ningún deporte; y cada día hemos hecho cosas diferentes en la playa: un día la cometa, otro día un cuento, otro día escribir nuestros nombres con conchas… Gracias por haberme hecho tan feliz este verano.

Su tía Ana le contestó:

- Me alegro Alberto de que hayas conocido las cosas de la vida que no se pueden comprar.


VÍDEO: Canción: Con humildad: https://www.youtube.com/watch?v=Bzg-0mdGRus


REFLEXIÓN

¿Es difícil ser humilde?


ORACIÓN
Señor Jesús, te damos gracias por la vida.
Te pedimos que nos ayudes a vivir felices haciendo felices a los demás. AMÉN



Martes, 30 de abril


SOLIDARIDAD

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
.

LECTURA: EL leopardo insolidario
Había una vez en la selva un leopardo muy nocturno. Apenas podía dormir por las noches. Subido en su árbol, que le servía de casa, se dedicaba a mirar lo que ocurría en la selva durante la noche. Fue así como descubrió que en aquella selva había un ladrón, observándolo pasar cada noche a la ida con las manos vacías, y a la vuelta con los objetos robados durante la noche. Unas veces eran los plátanos del señor mono, otras la peluca del león o las manchas de la cebra, y un día hasta el colmillo postizo del gran elefante.

Pero al leopardo no le importaba lo que les pasara a los demás; mientras no le ocurriera a él…

Los animales estaban preocupados por el ladrón, además de furiosos, y más, porque no sabían quién era. Pero el leopardo, que sí lo sabía, seguía tranquilo en su árbol, disfrutando incluso cada noche con los viajes del ladrón.

Sin embargo, una noche el ladrón no apareció y el leopardo, harto de esperar, se cansó y decidió dormir un rato. Cuando despertó, se encontró en un lugar muy distinto del que era su hogar, flotando sobre el agua, aún subido al árbol. Estaba en un pequeño lago dentro de una cueva, y a su alrededor pudo ver todos aquellos objetos que, noche tras noche, había visto robar...

¡El ladrón había cortado el árbol, o sea su casa, con él dentro! ¡Aquello era el colmo! Así que, el leopardo, aprovechando que el ladrón no estaba por allí, escapó corriendo y fue a ver al resto de animales para contarles dónde guardaba sus cosas aquel ladrón...

Todos agradecieron al leopardo el haber descubierto al ladrón y su escondite, y permitirles recuperar sus cosas. Y resultó que al final, quien más salió perdiendo ¿sabéis quién fue?... Pues el leopardo, que no pudo replantar su magnífico árbol y tuvo que conformarse con uno mucho peor y en un sitio muy aburrido...

Y se arrepintió de su falta de solidaridad durante toda su vida, si hubiera colaborado antes con los demás…


REFLEXIÓN

Si algo diferencia a un buen amigo es que ayuda a sus amigos. Y muchas veces nuestra mayor necesidad es que nos expliquen un ejercicio que no sabemos hacer, o cómo se juega a eso que todos juegan pero que yo no pillo.

ORACIÓN
Señor Jesús, te damos gracias por tener a María como madre.
Te pedimos que nos ayudes a ser como ella:
sencillos, generosos, alegres y confiados en Ti. AMÉN 





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