viernes, 8 de junio de 2018

SEMANA DEL 11-15 JUNIO

LUNES 11 JUNIO. 
EN ELNOMBRE DEL PADRE, DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO. AMÉN

SIEMPRE CON JESÚS


EVANGELIO: Mateo 10, 7-13

  «Id y anunciad que el reino de los cielos está cerca».


REFLEXIÓN

¿Les cuentas a tus amigos que quieres mucho a Jesús o no hablas de él? ¿Les dices a papá y a mamá que quieres rezar con ellos como lo haces en el cole?



MARTES 12 JUNIO. 


EN ELNOMBRE DEL PADRE, DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO. AMÉN


SOMOS LA SAL DE LA TIERRA


EVANGELIO: Mateo 5, 13-16


«En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?».

REFLEXIÓN

En nuestro mundo se valoran mucho la riqueza, pero Jesús señala pequeñas cosas para enseñar valores.
La sal añade sabor al alimento, si está preparado por un hábil cocinero/a. Pero su trabajo está escondido. Nosotros somos la sal de la tierra, podemos ser efectivos/as en llevar más sabor a la vida de los demás.

ORACIÓN FINAL: ¿Qué le decimos a Dios?


Señor, deseo mucho brillar en tu nombre, dar esa sal y luz siempre, es mi deseo y mi voluntad, algunas veces lo logro, pero algunas otras no lo logro, dame ese regalo de dar mi mejor esfuerzo y voluntad para hacer y compartir buenas obras.




MIÉRCOLES 13 JUNIO. 


EN ELNOMBRE DEL PADRE, DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO. AMÉN

SIEMPRE CON JESÚS


REFLEXIÓN
Jesús enseña con palabras y acciones, diciendo y haciendo. Su ejemplo de vida es nuestra guía y nuestro estímulo. Hay un lazo entre lo que decimos y lo que hacemos, y cuando este lazo es fuerte, somos fuertes en el reino de Dios.

ORACIÓN: ¿Qué le decimos a Dios?

Muchas veces es difícil cumplir y enseñar tu Palabra en acciones y obras, quisiera ser constante siempre, día a día, momento a momento; me esfuerzo y pongo todas mis ganas.




JUEVES 14 JUNIO. 


EN ELNOMBRE DEL PADRE, DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO. AMÉN

Narrador: Un buen día, Jesús subió a una montaña y se sentó en lo alto junto a sus amigos. Mucha gente se acercó a Él para escucharlo y porque veían que sanaba a los enfermos. Después de un rato de hablar y darles muy buenos Conejos, se preocupó porque habían venido de muy lejos y llevaban mucho tiempo sin comer. Así que le preguntó a su amigo Felipe:

Jesús: - ¿Donde podemos comprar pan para dar de comer a todas estas personas?

Felipe: - Con los doscientos euros que tenemos no es suficiente para comprar comida para todos.

Andrés: - Aquí hay un muchacho que solo tiene cinco panes y dos peces, pero ¿qué es esto para tanta gente?

Narrador: Jesús le dijo a todos que se sentaran en la hierba. Habían más de cinco mil personas. Luego tomó los cinco panes y dos peces y oró dando gracias a Dios. Cuando terminó la oración repartió los alimentos y todos comieron hasta llenar sus barrigas. Cuando terminator Jesús le dijo a sus amigos:

Jesús: - Recoged lo que sobró para que no se pierda nada.

Narrador: - Sus amigos hicieron lo que Jesús les dijo y con lo que sobró de los panes y los peces, llenaron 12 cestas.


REFLEXIÓN: ¿Cuáles son los cinco panes y los dos peces que le quiero ofrecer hoy al Señor?


VIERNES 15JUNIO. 

EN ELNOMBRE DEL PADRE, DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO. AMÉN

APRENDEMOS A TENER PACIENCIA

LECTURA

Érase una vez un gran árbol conocido por todo el prado como Sami. Sami era un árbol muy bonito pero siempre quería lucir unas hojas perfectas y muy verdes, así como unas hermosas flores rosas.  El granjero que lo cuidaba siempre le explicaba que no podía estar siempre lleno de flores. Le contaba que hay cuatro estaciones y que en cada una iría cambiando. En verano se secaría por el calor, en otoño se le caerían las hojas, en invierno pasaría mucho frío, pero cuando llegase la primavera… sería un gran árbol con hermosas flores.

Pero a Sami, aquello no le convencía. Quería las flores ya. Se pasaba el día diciendo:

“Granjeroooooooo, échame más agua que quiero mis flores ya”

El granjero se lo volvía a explicar, pero el árbol era muy impaciente y no quería entender lo que le contaban.

Cada día igual, cada día gritando y pidiendo agua y más agua. El granjero se enfadó y le dijo:

“Muy bien. Si tú quieres te pondré agua cada vez que la pidas”. Y así hizo.

Al cabo de dos semanas, el árbol estaba más feo y triste que nunca.

“Granjeroooooooo ¿Qué me pasa? No salen las flores y cada vez mis ramas están más caídas”, dijo el árbol.

El granjero le explicó que tanto sol le había secado las hojas, y tanta agua le había estropeado las raíces. Le dijo que hay que ser pacientes, y que las cosas llegarán cuando tengan que llegar. Que no por querer correr, las cosas saldrán mejor.

Así que el árbol hizo caso a lo que le decía el granjero. Cuando llegó la primavera, Sami se convirtió en el árbol más grande y bonito de todo el prado.

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